sábado 26 de abril de 2008

capricho ¿?


Cuando no hay que decir mejor no decir nada...

Pero... ¿Cuándo hay que decir y no salen las palabras?
¿Ahí qué?


En fin.


Llega un punto en que no importa qué suceda... pero qué suceda algo!
Qué se diga algo!


Cuando ya deje de ser sólo deseo y entre en juego el amor...
ahí es cuando vas a poder entender //me//



Se me caen los sentimientos como caen las hojas en otoño.
Caen y quedan vulnerables a ser pisados.
Ser pisados... por tu rutina atareada que no tiene tiempo para mis caprichos.

¿Caprichos?
Ni que tuviese 3 años.
Sé que no es un capricho, pero me convences de lo contrario.

Sabés manejar mi mente.
Y yo lo sé.
Y aún así caigo en el juego.



Texto por Cecilia María Loiácono.
Cuadro de Joan Miró, Ballarina, 1925 (ya sé que ya lo utilicé... pero hoy es un fiel reflejo)

sábado 19 de abril de 2008

Yo... no sé por qué


Sin sentido. Así es como me siento.
Te anhele tanto, tanto.
Y ahora que estás conmigo,
tengo miedo de salir herida.



No sé por qué.
No lo sé.
Estoy viendo el sol al alba...
Y ya tengo miedo de que sea ocaso.



Estás en mi mente siempre.
Me enloquezco de felicidad
al escuchar tus pasos,
al sentir tus brazos, besos.
Tu respiración.



Su respiración y él,
bien cerca de mi cuerpo,
desnudo pero acorazado.
Con miedo a que se vaya
y me deje amando sola.



No sé por qué.
No sé,
no sé por qué tanto miedo...
A enamorarme ¿Tal vez?




Loiácono Cecilia María.
Imagen por Joan Miro.

domingo 13 de abril de 2008

Again....

Hoy voy a hacerle justicia a un antiguo post (uno de los primeros).



Realidad escurridiza



Imágenes dantescas se suceden una tras otra
en lo impenetrable de mi mente.
Un antiguo resquemor
sobreviene inevitablemente.



Barruntos secretos
de situaciones
que alguna vez
escondieron un por qué.



Inefable idea que esconde mi mente a tu frente.
Y por más que los acontecimientos sucedan,
sin que se pueda hacer nada al respecto,
el tiempo se ha detenido
ante la sublime propuesta de cierto fin.


Quiero subyugar tu memoria.
Y no exonerarte por lo ocurrido.
Arrancaría tu inútil verbalismo de aquel camino.

No más dimes ni diretes;

porque esta vez se sabe

que ni siquiera el propio dolor,

es comparable con el dolor ajeno.


Olvidar se convierte en el único recurso
para dominar los residuos de "vida".

Vida en éste mundo
en donde todo lo humano es relativo.

Donde entregarse por un ideal
conlleva a estrellarse contra la realidad.
Y luego volver en sí
para ver que los demás
no cumplen las reglas del juego.


Y la enseñanza que se extrae no es sólo palabrerio.
Uno debe, por más que no quiera,
aprender cada una de las reglas
para luego infringir alguna.



Desconocer en éstos términos se torna complicado.
Lo inexplorado atrae y atemoriza.
Y la vida es más que sólo lo que vemos.
Se escapa más allá de nuestros sentidos.


Equivocadamente cerramos la cabeza,
ignoramos lo que obliga a ir más allá de las barreras
de las mentes cansadas por lo cotidiano
que ya es más que rutinario.



Ignoramos lo que requiere
tiempo e inquietud.
Ignoramos para creer que sabemos tanto,
y así no sentirnos insignificantes
en el cosmos inalcanzable.